QUERÉTARO: LA PERLA DEL BAJIO
“Vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala…”
Jorge Luis Borges “El Aleph”
Queréndaro o Crettaro, “lugar de peñas” para los purépechas de Michoacán. Se podría decir que allí nació, si no la ciudad, sí su nombre, concretamente en lo que hoy se conoce como La Cañada a pocos km de esta hermosa ciudad, Santiago de Querétaro.
El día que en realidad descubrí esta ciudad, todavía está por llegar, y parecerá una contradicción, pero ambos sabemos que no lo es. Conocerla, afortunadamente siempre será una tarea imposible, y así como hay cosas de las que uno nunca quisiera curarse, amarla, es por tanto, el embrujo del cual uno se va aferrando hasta que sin darse cuenta, formaste parte de ella. Entonces, y sólo entonces, comprenderás que jamás podrás llegar a conocer Querétaro, aunque vengas, aunque digas que naciste en ella. Por el contrario, habrás aprendido, experimentado, que Querétaro eres tú. Tú te convertiste en la ciudad. El embrujo irá más allá de lo cotidiano, se volverá una forma de vida, un respirar.
Mxei, “lugar donde se juega a la pelota”. Ndamaxei. “El gran juego de la pelota”, para los otomíes, ese fue su bautizo.
Eso es Querétaro y lo que estés dispuesto averiguar. La ciudad, entre otras cosas, es un espacio-lugar que rezuma vida por sí misma, una leyenda que continuamente se está escribiendo en cada esquina, despertando soñolienta a cada alba, reafirmando sin cesar su espíritu de omnipresencia, aquí y ahora.
Y te pregunto. ¿Has creído ver alguna vez la ciudad?. No desde la perspectiva que impera en la distancia, si no desde la misma distancia que marcan tus pasos al andar.
Relájate pues. Hay mucho por hacer. Disfruta y disfrútala.
Conocer una ciudad no significa andar por ella o recorrer sus plazas, cada jardín, detenerse ante la mirada impávida de las estatuas, abordar los museos o las iglesias aunque no sea con la expectativa desprendida de un niño. No significa adquirir recuerdos que se oxidaran por la herencia que abandona tiempo y polvo. Para conocer una ciudad no alcanza con comer sus tradicionales platos en los más afamados restaurantes, o tomar fotos con predisposición mecánica y autómata. Ni respirar sus humos, ni deparar con los guías de los recorridos ya memorizados, ni mirar cómo extraños a los naturales que en ese mismo instante nos convertimos nosotros. Conocer una ciudad no significa haber nacido en ella, vivir, trabajar, comer y morir aquí. Conocer una ciudad, es todo eso y más que tú has de aprender a descubrir, hasta sentir un dulce escalofrío de pertenecer a ella, quedarse impregnado de sus rincones y poco a poco una parte de ella irá creciendo contigo, una parte suya, de su historia enriquecerá la tuya. No es quedarse en lo meramente visual, es un sentimiento que redescubrirás innato, es dejarse abrumar cada día, redescubrir con ojos nuevos lo que siempre ha estado ahí velado por las prisas de fin de mundo, en definitiva, es no quedarse indiferente, es ser agradecido con ella.
La ciudad respira, sueña, sufre, ama en toda su grandeza, asentada en la epidermis del valle, protegida a las faldas de un volcán, el Cimatario. La ciudad está llena de conciencia, es el tapiz de un cuerpo que yace boca arriba, serena, inmemorial mirando a las estrellas cada noche, no sólo las de luna llena en Octubre, que dicen es la más hermosa de todas. La ciudad tiene su propia conciencia, está viva, viva por ti, para ti, reconócete, reconócela. Esa es la realidad de su magia y la bendición de tu libertad. Fundirte en ella, compartir el mismo aura, enriquecerte con su presencia hasta que no encuentres diferencia, y sin sentirte asfixiado, sentir que no puedas vivir sin ella, convirtiéndose en tu cuerpo y tu alma. Aquí, allá donde tus pasos vayan, crear unos lazos de fraternidad y respeto, unas raíces para que sus frutos vayan deshaciendo las fronteras, enriqueciendo esta tierra. Aquí, en el ombligo de la luna, y más allá de las grandes aguas, vayas donde vayas para que puedas repartir su balada, la brisa de la Sierra Gorda, sus sones de huapango, su esencia infinita, ilimitada.
Querétaro, en 1.847 nombrada capital de la República, cuando el País fue invadido por las fuerzas norteamericanas en 1848 el 30 de mayo se firma en esta misma ciudad el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el cual se ceden a los Estados Unidos los territorios de Alta California y Nuevo México. Fue en el salón de la academia de Bellas Artes donde se citó al Congreso Nacional para tratar el cese de hostilidades entre México y EE.UU. Tratado firmado en la misma mesa barroca que decoraba la sacristía del templo de la Congregación Posteriormente se cantó un Te Deum en el templo de Santiago para darle gracias a Dios por haber finalizado la guerra. 1916 Santiago de Querétaro es nombrada capital de la república por tercera ocasión. Conoce la historia, la historia que ahora pisas allá por donde andas y sabrás de dónde vienes, y a dónde vas. Lee y disfruta. Enriquécete de experiencias, enriquece esta ciudad.
Y yo, sin ser un amanuense del destino, te narraré historias que aún no conoces, historias que ya están escritas, que fueron vividas y poquísimos son a los que se les ha dado a conocer y muchos los que se maravillarían… Aquí y por ahora, podrás beber pequeños sorbos de ellas.
Que Querétaro es rica en leyendas, al historiador 1Valentín F. Frías hay que darle las gracias por su parte bien merecida.
“Brindo por la señora mi hermana, por mi ánima y por el 20 de mayo de 1701”. Estás palabras bien podrían narrar como punto álgido y como prefacio de una de las más célebres leyendas de Querétaro. La casa de Don Bartolo, muy cerca de la plaza de Armas. Historia que cuenta la vida marcada por el tenebroso suceso que le acaeció a este hombre de a mediados del siglo XVII, don Bartolo Sadanetta“ El Segoviano”. Prestamista que amasó una gran fortuna y cuya ama de llaves era su propia hermana, de la cual se dice mantenían relaciones incestuosas. Cada año en su onomástica brindaba con esa misma frase ya conocida, ¡hasta que por fin llegó aquel día fatídico!. ¿Quieres saber más?. Ven la ciudad te está esperando para contártelo.
Y, esta es una de las leyendas más conocidas que Valentín F. Frías nos legó, pero no acaban ahí las historias, y eso es una de las cosas que tiene esta ciudad, las historias que aún no están divulgadas, las que anteriormente te comentaba.
¿Nunca has sentido las palpitaciones de la ciudad cuando caminas?. Sus latidos son tus latidos y hasta alguna vez habrás pensado que se te escapaba un suspiro, un jadeo, tal vez una caricia… pero no, no son tuyos, ¿o sí?, al fin y al cabo vas dándote cuenta de que vas perteneciendo. La ciudad, Querétaro, somos nosotros mismos, lo que añoramos, lo que perseguimos, lo que adoramos, todo lo que sufrimos, un anhelo, un alma que se busca en la cosmología del universo radicando en rededor de nosotros, un estrago, un roto, una vida, la tuya, tu propio cuerpo y no sólo de los que vivieron aquí, de los que viven y los que a partir de ahora están por llegar. Querétaro, por la gente que no puede dejar esta ciudad, por la gente que nace y que vive, que canta en sus esquinas y a sus orígenes, pero conocerla es una tarea imposible, más necesaria. Esta es tu casa, convertida en algo nostálgico, donde la confidencia va fluyendo a cada paso, aroma, a cada llanto que nos atrevimos a derramar, una ciudad es un corazón que late y por tanto, jamás lleguemos a comprenderla. ¡Brindo pues por ella!. ¡Esta es mi tierra!, porque uno pertenece a lo que ama.
Porque de amor está regada esta tierra por todo el dolor que derrama, esos sentimientos que se hermanan, y a ellos me remito, de una experiencia que viví aquí, de la que aún no he podido salir ileso. Una historia de las que antes hice mención, acaecida en esta ciudad y que el tiempo convertirá en leyenda. Déjenme que les cuente, aunque sea brevemente.
Y fue un dos de Noviembre para ser justos…
-¿Le llevo agua señor?- escuché la voz de una niña y en sus ojos, rasgos de luz náufraga de apenas doce o trece primaveras en su mirada.
Y es que para tratar de conocer un poco esta tierra, nada mejor que este día, un dos de Noviembre en el camposanto de cualquier ciudad de la República. Algo, que por su modo, no ocurre en ningún lugar del mundo. Las almas que se fueron y los cuerpos que aún quedan, se honran de nuevo con su presencia entre aromas inconfundibles de cempasúchil, voces quebradas de mariachis, gargantas irrigadas de tequila y un ambiente de una sacralidad festiva, conviviendo lo que llamamos muerte y lo que entendemos como vida, en una peculiar armonía. Y fue allí, en el camposanto del Cimatario donde me encontré a esta niña, con un bote oxidado de hojalata entre sus manos embarradas. Acarreaba agua para regar las flores de las lápidas a quien quisiera darle algunos pesos, buscando hacer alcancía, juntando peso a peso, no para comer, si no para poder pagar a los mariachis El Rey de José Alfredo Jiménez, la canción que tanto le gustaba a su desaparecido hermano. Flores, regadas con lágrimas de esta tierra.
Y esa historia que tú no conocías, ahora mismo, en este preciso momento, se está convirtiendo en leyenda, enriqueciendo esta, tu ciudad. Pero como te dije, tan sólo te la conté brevemente, hay más, pero eso a ti te tocará descubrirla, como muchas cosas.
Santiago de Chile (Chile), Santiago de Compostela (España), Santiago de Cuba (Cuba), Xalapa, Veracruz (México). Ciudades hermanadas con Querétaro, porque también es importante saberlo y no sólo por saberlo, si no por tomar conciencia de que las ciudades también están unidas por lazos de fraternidad.
Pero volvamos a estas calles empedradas de cantera de la Cañada, a su centro histórico, a este patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1996. Si prestas atención, si acercas tu oído a tu corazón, podrás llegar a percibir algo que de por sí es un hecho, y por lo tanto susceptible de convertirse en sueño, la ciudad tiene su propia voz. En cualquier rincón, en un pedazo de suelo, en el aura barroca exuberante de sus templos y museos, en el mirador desde donde se ve el acueducto, en los jardines y fuentes, en el cerro de las campanas, arriba desde las laderas del Cimatario, desde donde tú quieras.
Querétaro, una ciudad engalanada desde sus inicios, mimada por sus escultores donde dejaron plasmado la memoria de su arte y el aprecio a esta tierra reflejada en la belleza de sus obras. Podría decirse que ya en 1531 se construyó la primera obra escultórica con la cruz de cantera que los chichimecas pidieron fuera esculpida después del decisivo evento en el cerro del Sangremal (Ynlotepeque, corazón de cuesta). Pero el arraigo por modelar la piedra ya hundía sus raíces en el tiempo. El centro ceremonial del basamento piramidal El cerrito es la prueba de ello, donde se cree toltecas y posteriormente chichimecas, tarascos y otomíes dejaron la pericia de su arte en braceros de cerámica, malacates de barro, glifos y demás esculturas hermosamente labrados en piedra. Desde entonces hasta ahora, la ciudad ha ido atesorando riqueza a su acervo
en la evolución de sus estatuas. De algún modo esas obras de arte nos rememoran su aspecto protector, testigos y partícipes en definitiva guardianes de la historia, auténticos ciudadanos de apariencia muda brindando con su presencia un aura de genuinidad a los lugares que ocupan. Estatuas a imagen y semejanza de la mano del hombre por cuyo mutismo de piedra, madera, bronce y demás materiales han ido empapándose de la trasformación de la ciudad. Estatuas que salieron a recibir nuestra llegada y cuyo estoicismo soportará nuestra partida, conscientes que siempre podrán rescatar una mirada más, un sentimiento de asombro para engrandecer su historia de la que tú, habrás sido partícipe. Y es justo que no sólo a ellas se les rinda la pleitesía de la belleza que emanan, también hay que darles su lugar de honor a las manos que las labraron. Muchos hemos visto la impactante estatua de Neptuno (una de las primeras esculturas profanas) en el jardín de Santa Clara, pero pocos conocen su historia, por ahora un breve pero merecido homenaje al arquitecto 2Francisco Eduardo Tresguerras él fue quien construyó el original en cantera que se encuentra en la Delegación Centro Histórico. La del jardín de Santa Clara es una réplica de bronce hecha por Abraham González en 1996. Más de cuatro siglos de historia en la 3muy noble y muy leal ciudad de Querétaro, no podían sino dejar una evolución en el arte escultórico. Pasando por la época renacentista (1531-1632) donde sobresale el escultor y fraile 4Sebastián Gallegos. El riquísimo periodo barroco (1632-1790) que caracteriza a la ciudad, periodo donde toma voz propia el arquitecto 4Ignacio Mariano de las Casas, así como Francisco Escobar y otros cuya ausencia de sus nombres no quitan mérito a sus obras. Siguió el periodo neoclásico (1790-1821) con un refinamiento en las formas y una sensibilidad más serena a las facciones humanas. De ahí podemos rescatar al ya nombrado Francisco Eduardo Tresguerras, como a 5José Mariano Perrusquía y Rubio entre otros. Pasado este periodo la escultura siguió su ritmo evolutivo sin abandonar totalmente sus raíces prueba de ello encontramos a Diego Almaraz y Guillén, y a Braulio Rodríguez Granada. Ya en tiempos actuales hay que hacer mención aparte a Juan Velasco Perdomo y Abraham González. ¿Quién no se ha recreado ante sus esculturas que jalonan la ciudad?. El juego de la pelota en Bernardo Quintana, la Canción Mixteca en la alameda Hidalgo, El es Dios en la iglesia de la Cruz, el Danzante conchero chichimeca entre otras por parte de Juan Velasco Perdomo y Abraham González también ha dejado la riqueza de su propio acervo como las estatuas del apóstol Santiago en la calle independencia, de Juan Caballero y Osio frente a la Congregación, los frailes Fray Antonio Margil de Jesús y fray Junípero Serra en la plaza de la Cruz por citar unas pocas. Estatuas todas que han pasado a ser símbolos de la ciudad. También no podíamos olvidar a las estatuas de 6Georgina Farias “Gogy” canto indeleble, tributo sublime a la naturaleza del alma humana. Sus estatuas de los músicos jalonan equilibrando en una armonía casi onírica el andador Vergara. Así mismo también darles la importancia a las estatuas por sí mismas, la emblemática Diosa Hebe en el jardín Zenea, la Corregidora de Carlos Noriega en el jardín de su propio nombre, la monumental de Conín a la entrada de la ciudad y en el cerro de las Campanas a Benito Juárez la cual el armazón de hierro del que se sostiene esta hecho de miles de llaves viejas que pidieron a los niños de las escuelas para fundirlas para tal efecto. Llaves viejas no obstante, pero que sirvieron para abrir las puertas de la esperanza."Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Me creerán justo, este pequeño inciso artístico para hablar de la ciudad, porque ellos, los artistas, sus obras, son también la ciudad, y no olvidaremos a los pintores de esta ciudad, a los músicos, fotógrafos, poetas, artesanos a todos, porque todos tienen lugar en estas calles, todos tienen su historia para hacer más grande este lugar mágico, místico, emblemático, profundamente histórico, plenamente genuino.
Y con razón a la ciudad la encuentras en todas partes, pero primero tienes que aprender a encontrarla en tu mirada, a saber verla, encontrarla en tu corazón, la ciudad siempre te recibe con los brazos abiertos, inmutable, esperando que tú seas quien se conmueva una y otra vez, sin prisas, con delicadeza innata. La ciudad puede volverse de repente incomprensible, es la paradoja eterna que encierra y en eso se iguala al ser humano que deambula extraño de sí mismo buscándose por todos lados menos, en la patria de su alma. Pero la ciudad y retomamos la esencia es en cada esquina, en cada lugar, en cualquier rincón, pedazo de suelo, es todo lo que existe en ella, convive, respira, siente y principalmente sueña. La ciudad siempre ha estado ahí y está para recibirte podrás seguir viéndola igual, pero entonces quien no ha cambiado, serás tú convertido en piedra, porque las estatuas, las esquinas, sus rincones, los templos, sus museos, jardines, todo… es un mundo y tan variado como ojos sepan apreciarlo. Ese calor que desprende esa magia, esa historia que tu ahora, no sólo eres parte de ella, eres todo lo que tú quieras. Toma conciencia del suelo que pisas, vibra a cada paso que das, porque es la fuerza de la historia crucial que aun sus acontecimientos siguen determinando nuestras vidas, tú has de saberlo.
En el Teatro de la República se vivieron 3 eventos trascendentales en el devenir de este país.
Allí se produjo el primer ensayo del Himno Nacional de México, se celebró el juicio a Maximiliano de Habsburgo y sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía y el 5 de febrero de 1917 se debatió y acabó promulgándose la Constitución de los Estados Unidos Méxicanos, tenida como una de las más avanzadas en su tiempo, siendo presidente Don Venustiano Carranza. ¿Se puede tomar real conciencia de acceder a ese emblemático lugar y sentir la conmoción de la importancia que se vivió?.
Esta es la ciudad, tú ciudad seas de aquí o no. Calles impregnadas de fuerza, augustos monumentos acompañando tu presencia, casonas señoriales, 62 templos, una catedral, portales, jardines, una gastronomía genuina, múltiples fuentes y tú compartiendo, gozando la riqueza de esta tierra. Querétaro “La perla del bajío”, como así se le llamaba en España en el siglo XVII. Tlaxco en náhuatl como aparece en 1446 en el 7Código Mendocino. Querétaro ciudad emblemática en sí misma, exhala, rezuma la fuerza, el peso de la historia, más, poder compartirla, ser partícipe es una experiencia plena.
Año 1.534 se efectúa el trazado de la ciudad por D. Juan Sánchez de Alaniz. Y puede haber llovido mucho desde entonces, incluso para los que no lo sepan, Querétaro sufrió una gran nevada, aunque haya que remontarse al 7 Febrero de1818. Y es que la ciudad aún guarda muchas historias por narrar, mezclando fantasia y realidad, haciéndola atemporal, como la vida misma. La prueba; la leyenda que narra la aparición repentina de un personaje en la Alameda Hidalgo. Hombre de rasgos avejentados de nigromante y andar ausente. Suele aparecer acompañado de un tumulto de animales que no le temen entre ellos ardillas, chanates, palomas, gorriones y hasta tlacuaches, a los que va alimentando de unos abalorios colgados del cuello confeccionados de una variedad inverosímil de frutos secos, así como de lo pesado de su tabardo va sacando de sus bolsillos empedrados, semillas, trozos de pan, trozos de frutas y demás comida para gozo y algarabía de tan nutrida prole. Y esto no tendría nada de espectacular si no es porque él, según dicen los que le han visto, asegura ser contemporáneo del 8virrey Marqués de Branciforte. Pero esa es una historia tan poco conocida, que el tiempo será quien dicte que deja entrever, y si deja.
Y reitero que eso es una de las cosas importantes que tiene la ciudad, sus leyendas, sus historias no tanto urbanas como humanas, porque esa es su esencia más importante la idiosincrasia humana que ha ido conmoviendo a personas, grandes benefactores que en su momento se quedaron prendados de ella y a fe de ello, visitándola, uno lo admite a conciencia. Esta ciudad irradia tantas cosas que de uno depende ir apreciándolas en su inabarcable magnitud.
Por eso este pequeño tributo, aquí y ahora, retomar la memoria, agradecer a estas ilustres personas que hicieron de Querétaro gran parte de lo que ahora tenemos y podemos disfrutar. Valorando la estima de esta majestuosa ciudad que sigue sorprendiéndonos, abriéndonos sus puertas de par en par.
A 9Juan Caballero y Osio (1644-1707) a él se le debe su legado de gran parte de la arquitectura queretana en el siglo XVIII.
10Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila (1670-1743). Constructor de una de las más emblemáticas obras de la ciudad. El acueducto.
11Josefa Vergara y Hernández (1717-1808). Legó toda su fortuna para ayudar a la niñez y a la juventud, fortuna que aún está dando sus frutos en la actualidad.
Fausto Merino (¿?-1784). Menos conocido que los demás pero su benevolencia alcanzó a dar todo cuanto tenía en pro de los más necesitados, llegando él a quedar en un estado de pobreza completa viviendo de la caridad de su propio legado.
Dr. Ignacio Mena Rosales. (1900–1980). Médico cirujano humanista ofrecía de manera gratuita sus servicios médicos a la gente de escasos recursos. Su casa donada por él mismo es actualmente una Casa de la Cultura que lleva su nombre.
¿Qué tiene esta tierra que desprende tamañas acciones de benevolencia?.
Y uno observa la magnitud de sus horizontes, la luz que se destiñe de sus atardeceres, la magnificencia de su clima, la belleza que rezuma su aura, el embrujo de sus calles conscientes del tesoro que atesoran. La ciudad en sí misma, el casco viejo es en sí una hermosa gema que resplandece por luz propia, luz que no deja de emanar esa mística atracción en quien la visita y los que vivimos en ella. Es la fuerza crucial de su belleza una de las atracciones que hace que sea el destino turístico preferido de interior de la república, convirtiendo en una ciudad pródiga, prodigiosa, abierta al mundo. Una belleza que puede palparse en su augusta sensibilidad, y es que la ciudad ha sido capaz de crear, aunando espacios completamente genuinos, adquiriendo una atemporalidad innata, puntos álgidos caracterizados por su identidad que traspasan sus propias fronteras; la plaza de Armas, lugar donde empezó la demarcación de la ciudad como tal, y puede sentirse ese sentimiento palpitante, su importancia vital, la energía de tantos eventos vividos, tanta historia concentrada en lo que para muchos, se le considera una de las más hermosas del siglo XVIII en toda Hispanoámerica. Un lugar para la recreación de los sentidos, punto de encuentro, un espacio para la intimidad reflexiva, y sobre todo para el deleite, la luz desbordante que recibe y a la vez desprende, la fisionomía regia de sus portales virreinales, una plaza de trazados sobrios, adornada por los inmortales laureles de la india tal vez provenientes del regalo que le hizo la India a México para celebrar su independencia con dos buques cargados de ellos. La fuente de los perros con su diálogo ensimismado con el agua coronada por el monumento al Marqués de la Villa del Villar del Águila, y a sus espaldas como una saeta de agreste belleza, elevando sus brazos al cielo, una de las más emblemáticas araucarias de la ciudad. Una plaza con su mirada puesta en si misma observando complacida, mirada traducida a las fachadas inmutables de sus casonas, el virtuosismo de la fachada de la casa de Ecala con su historia que la acompaña del pleito más caro de todo Querétaro y su ventana tenida por la más bonita de toda Latinoámerica. Desde Rusia vino una delegación expresamente a verla, ¿no has de detenerte tú para seguir maravillándote por ella?. Por eso la importancia que radica en la misma magia que destila la belleza arquitectónica, cientos de años de historia y con el tiempo van aumentando su magia, el asombro de quien las conoce y admira.
Querétaro, paso de la mariposa monarca en su trayecto a los bosques de oyamel de Michoacán, y no verás miles como en los santuario de Ocampo, pero su presencia darán una pincelada de belleza a esta ciudad. Querétaro, lugar de transiciones, parte aguas de la república, respetada por las diferentes corrientes ideológicas que han ido dejando su huella en esta tierra. Ciudad eterna, sin buscar la comparativa con Roma, su casco histórico es su propia leyenda.
En el Museo Regional se dice se encuentran algunos de los objetos que se tienen por más preciados de la historia del estado y de México. Asomarse a la solemnidad de su atrio, es todo un acontecimiento que deja entrever de manera clarividente lo que se verá resguardado por lo augusto de sus muros. Una de las pinacotecas virreinales más valiosas de todo el estado. Entrar en sus salas, pisar sus suelos, respirar su ambiente, es sumergirse en una atmósfera donde se superponen un sinfín de sensaciones propias de la magia, la energía y la trascendencia histórica que sus obras atesoran.
Eso es Querétaro y no estoy hablando de la ciudad como un ente estático e impertérrito, asentado por el acomodo de sus siglos, supeditada básicamente a la herencia virreinal. Es la sensibilidad de la misma ciudad la que le da su verdadera hegemonía como algo vivo, la idiosincrasia de sus rincones, el semblante maduro de sus fachadas, la lucha de sus gentes, héroes anónimos que buscan hacerse su hueco expresando sus inquietudes en este marco incomparable que es Querétaro, su centro histórico. Y a él debemos regresar sin abandonar la mirada expectante, el sentimiento de regocijo de poder observar, disfrutar lugares con un gran fundamento histórico, algunos con una belleza sobresaliente y siempre, con ese embrujo que va marcando nuestra retina, calando en nuestros corazones, devolviéndonos nuestra verdadera estatura de una humanidad auténtica, sin artificios, ni edulcorantes. Esta ciudad revestida de polivalencia es un descanso para el alma, un despertar de los sentidos, y aunado todo, un reencuentro de nuevo con uno mismo. La belleza que otros forjaron en pretéritos tiempos, sigue dando sus frutos cada vez que seguimos visitando estos templos, estos museos, estas plazas, este diálogo íntimo que de repente se diluye entre la ciudad y las personas que sepan apreciarlo. Diálogo que encuentra cúspides sublimes de máxima expresión entre otros lugares en el *convento de San Agustín. Desde 1731 que empezó la obra sigue vigente la fuerza con la que sus contemporáneos impregnaron sus muros y sobre todo el incomparable claustro, bautizado como “la Alhambra queretana”, “el edificio que canta”. Pero en lo que muchos coinciden es que es el patio barroco mas profusa y bellamente labrado de todo México. Las cariátides muestran su altivez, conscientes de la vigencia de su pétrea belleza, manteniendo entre sí su diálogo inmortal ajenas al mundo que las contempla. Y es precisamente esa voz muda la que nos dice aún más cosas, la que nos arrastra y nos aviva en nuestra imaginación, nos desborda y nos hace claudicar una vez más a la contribución de la ciudad a nuestra riqueza humana en cuanto a las experiencias que nos brinda. Es por tanto ese silencio sacro tanta veces repetido de las cariátides la que nos provocan que podamos llegar a escuchar los propios latidos de nuestro corazón. Es el asombro continuo el motor cotidiano de esta vida. Es la belleza de esta ciudad y los tesoros que atesoran un manantial desbordante que nos da esa capacidad de apreciarlo que no es sino decir a viva voz todo lo que uno la ama.
Xico “gran juego de la pelota”, como lo llamaban originariamente los chichimecas por la forma encajonada que tiene La Cañada, por su similitud al lugar donde se practicaba ese evento prehispánico.
Con el tiempo uno descubre que la ciudad tiene alma de mujer, su fragilidad es su más elevada característica. Y por tanto necesita ser acariciada, alabada, reclama de tu poesía, tu música, tu arte y tu compromiso por aprender su historia. Clama por tus abrazos y tus sonrisas, de la dulzura de tus pasos, de tus cuidados y la benevolencia de tus tratos. Pero también y sin duda alguna, tiene cuerpo de hombre. Por eso exige tu fuerza en la honestidad, tu dignidad como persona consciente, de tu actitud responsable, por tu vitalidad por seguir luchando por ella, tu compromiso veraz por hacerla crecer, por hacer de ella un lugar habitable, confortable. Pero no podríamos concebirla es cierto, sin ese espíritu de niño que tanto la caracteriza, cualquiera podría verlo, y por eso la importancia de tus mimos, tu mirada limpia, el valor de tu aprecio, tus juegos, tu propia involucración con ella, tu sentido paterno. La ciudad necesita tu presencia como tú necesitas de ella, es una fusión necesaria y benevolente, puramente íntima en esencia, busca tu madurez, tu lugar. La ciudad es una madre, se convierte en un amigo, ejerce de padre, puede ser un hermano y por supuesto el/la mejor de los/las amantes. La ciudad es andrógina a todas luces, eterna, visceral, profunda y todo lo que quieras, está viva es un hecho, da y recibe sin medida. Pero la ciudad jamás sería nada sin ti, una vez pusiste tu pie en ella y ya formas parte de su grandeza. Una vez escuchaste su nombre a miles de km o la soñaste o alguien se le ocurrió hablarte de ella y aunque no quieras, ya formas parte de ella, así como ella pasa a formar parte de ti. La ciudad aunque no lo creas siempre te va añorar cuando te vayas y guardará tu recuerdo, tu calor, tu mirada, la dulzura de tus pasos, todas tus palabras y jamás te pedirá cuentas, y te mantendrá en el acervo emocional de sus piedras, flotando para siempre en los anales inmemoriales de su aura.
La ciudad nos pertenece a todos, a cada árbol, a cada brizna de hoja, a los animales que viven en ella, a los vientos que la recorren, las brisas que la perfuman, a la lluvia que limpia, tiñe de oro sus aceras a la luz de las farolas, a las estrellas que se asoman al firmamento cada noche y sueñan con ella, a la luna, la ciudad es todo un mundo, tu casa, la nuestra. La ciudad está llena de vida porque tú vives en ella. ¡Ámala!. ¡Cuídala!. ¡Protégela!. ¡Agradécela!.
La ciudad es un inmenso sonajero de música, no lo vas a poder negar, quizás en la cúspide y por sus dimensiones, podríamos citar la segunda concentración más grande de danzantes concheros de toda la República. Miles de ellos se reúnen durante los días 13, 14 y 15 de Septiembre en un multitudinario desfile por las calles de la ciudad hasta la explanada del templo de la Cruz. Y es muy posible que los hayas visto danzar, ataviados con su plumaje de guacamayas, faisanes, guajolotes, pavos reales y otras aves, tocando sus tambores, llamados huehuetls, habrás percibido el sonido melancólico al rasgar sus conchas de armadillo hembra escogidos por la dulzura de su resonancia. Te habrás sentido cautivar por el ulular de los caracoles marinos inundar el vacio en su llamada cósmica. La rica mezcolanza sonora que se diluye de las sonajas con los huesecillos de fraile que llevan atados a los tobillos, las flautas y las chirimías, el ayotl… el llamado a la madre tierra, nanita, Tonatzin. ¿Cuántas veces habrás aspirado el aroma relevante del sahumerio del copal?. La danza es una oración, donde el conchero como ser humano es el mismo instrumento hacía la divinidad, es un guerrero nato en el avatar de la existencia, los instrumentos musicales sus armas. ¿No es paradójico acaso que aquí en Querétaro naciera la danza?. Tierra de partida y destino, vórtice de energía, un tributo a los cuatro vientos, a las seis direcciones del universo. Un respeto a este lugar sagrado al cual pertenecemos.
La música tiene identidad propia caracterizada por su clima festivo y cosmopolita. Y es la música quien nos seguirá brindado situaciones de una contundencia onírica, reveladora, algunas de ellas auténticas pinceladas de una belleza indescriptible. Deleitarse escuchando al grupo de música prehispánica en el basamento piramidal de El cerrito, para los que han tenido la oportunidad de apreciarlo es una experiencia inolvidable. Los conciertos de música clásica en la entrañable casa de la Zacatecana. Escuchar el sonido que emana de los órganos de los templos de Santa Rosa de Viterbo, San Antonio de Padua o el templo del Carmen a manos del **maestro Gastón LaFourcade llenando de misticismo sus muros también es digno de mención. Cada año se hace un ciclo de Música para Órgano en la ciudad, sin olvidar el famoso concurso de Huapango, oportunidad para entender mejor uno de los aspectos que mejor definen Querétaro, el gusto por la universalidad musical, por el arte en sí. Desde el arrebatado baile del tango que se vive en el Jardín del Arte los primeros sábados de cada mes, pasando por los bailes de salón en la plaza de Mariano de las Casas los viernes por la noche al aire libre, sin olvidar los domingos por la mañana en la plaza de las Armas acudir a escuchar a la Orquesta Sinfónica de Querétaro a las órdenes del director Aurelio Olvera Montaño, así mismo como el gozo de contemplar a la Estudiantina de la Universidad Autónoma en los portales de la misma plaza, o a la orquesta Filarmónica actuar en el teatro de la República, el dúo queretano e internacional Dulcemelos recuperando su apuesta por el salterio, los mariachis en su plaza, a la banda de música interpretando magníficas piezas en el jardín Zenea los fines de semana, el coro municipal de Voces Queretanas, los bailadores de capoeira en el andador cinco de mayo y tantas apuestas musicales que no hacen sino caracterizar gran parte del alma de la ciudad.
Cada plaza, cada jardín tiene su particular melodía, sus múltiples y genuinos artistas que salen de las sombras para hacer de esta ciudad un lugar más familiar, porque en definitiva esta ciudad transpira e inspira ese arte, Frida Kahlo ya lo dejó plasmado cuando pintó el acueducto, y es esa energía desbordante la que da la vitalidad a la ciudad. Música que se convierte en carcajadas cuando uno acude a una de las obras del Corral de Comedias, al Mesón de los Cómicos de la Legua o al Teatrito de la Carcajada, carcajadas que traspasan los propios muros de los teatros, las risas y sonrisas que nos brindan los narices rojas allí, pululando en la plaza Constitución, en el jardín Corregidora, por doquier haciendo corro entre las personas, disfrutando del momento, haciendo más habitable este espacio.
Y se palpa y reconoce esta tierra por la misma energía de sus artistas, por su gusto y preocupación por las tradiciones. La procesión del Silencio en Semana Santa es un referente nacional, el tradicional desfile de carros bíblicos cada 24 de Diciembre que trata desde 1826. En Navidad una de las experiencias más inolvidables que se pueden vivir, escuchar el júbilo exultante de la ciudad en el repique de campanas de todos los templos de la ciudad casi de modo simultáneo; San Francisco, Santa Rosa de Viterbo, templo de Santo Domingo, San Agustín, Santa Clara cuyo templo atesora una de las pinturas más antiguas, curiosas y hermosas de la ciudad, Templo del Carmen, Santuario de la Congregación, Templo de Santiago, San Antonio de Padua, la Cruz…
Querétaro una de las ciudades más limpias de la república, y no hay dos ciudades iguales pero esta es mi ciudad, mi tierra, aquí toma fuerza mi voz, echó raíces mi alma.
Hay algo mágico que destila la ciudad, y es esa intensidad íntima conviviendo con sus habitantes, podrás ver en plazas y jardines, al tumulto de estatuas en sus pedestales de piedra de granito, héroes que forjaron una leyenda, que ya cumplieron su historia escrita con sus vidas, retales de heroísmo para que tú los guardes en la memoria. Pero actos de heroísmo y aprecio siguen acompañando al hombre en su periplo por esta vida, aunque sus actos no sean escritos en los libros de historia. Hay un histórico árbol entre Corregidora y Avd. Universidad, un laurel de la india, probablemente el más emblemático de la ciudad, árbol que por circunstancias no aclaradas, después de tantos años acompañando con su presencia inolvidable a la ciudad parece que nos abandona. En la pequeña plaza que está enfrente de él, encontrarás unos paneles con múltiples dibujos del mismo confeccionado por los niños de la ciudad, deseando su recuperación, su amor por la naturaleza. Yo he visto a un hombre llorar, abrazando la desmesura de su tronco, dolor que unge esta tierra de la gente que en verdad la ama. Héroes cotidianos, anónimos todos, gente de a pié que nunca tendrán su estatua, de los que nunca se hablarán en las escuelas pero que con sus actos van labrando parte de la idiosincrasia de esta tierra. Gente todos en los que tú te encuentras, esa es la verdadera sal de esta tierra. Todas las personas con sus actitudes y sus miserias porque en esencia la vida misma es grandeza. Como se decía, tierra rica en leyendas, la auténtica riqueza humana, forjadores, herederos de la ciudad hasta que ella misma es capaz de ampararlos bajo la delimitación de sus lindes, la grandeza de su historia.
Retomemos las leyendas, la casa de la Zacatecana, Chucho el roto, la Carambada, la casa del Faldón… y otras que van emergiendo, saliendo a la luz, historias poco conocidas, como la muchacha que apadrina árboles en el centro de la ciudad y que va paseando por encima de los laureles de la india en los jardines y sin que nadie haya conseguido verla. O, así mismo aquella que dicen los pocos que la conocen, del hombre ciego, que se guía por los sonidos peculiares que dejan las infinitas fuentes y cajas de agua de la ciudad y que al andar va dejando sus pasos restos de agua, y más que te asombrarías, leyendas que ahora mismo están ocurriendo y que algún día alguien se atreverá a ir escribiendo. Historias cotidianas, personajes de carne y hueso, magia en las mismas calles que tú ahora vives y pisas.
Así se edificó esta ciudad, así creció, floreció y fructificó, así es lo que tenemos gracias al espíritu colectivo en su lucha diaria cada uno en su mundo, cada cual a su entender, cada uno a su ritmo, en pos de sus sueños, buscando su lugar en el mundo, su vivir diario, su esfuerzo, su intención a su manera y modo. ¿De dónde crees que agarran esos colores tan intensos el cielo en la ciudad al caer el atardecer?. Ahí se plasman todas las pasiones, todas las emociones, las alegrías, los duelos y los dolores, las energías, las desilusiones, las esperanzas, la vida en general sumada del particular de todos y cada uno de las personas que vivimos en esta tierra. Esta tierra derramada de contrastes, erigida, renacida de sus heridas, cada tarde al declinar el sol muestra una y otra vez lo venerable y augusto de su estampa, el aura regia de una tierra sabedora de su peso trascendental en la historia, de su fuerza innata, de la gran energía que derrama.
Querétaro, cerro del Cimatario testigo privilegiado del avatar de esta tierra, jonaces, chichimecas, otomíes, tribus seminómadas, los que vinieron de otras tierras, los que ahora viven en ella, todos y cada uno que por aquí pasaron, los que sueñan en la distancia con ella, todos hijos de esta tierra, sin distinción alguna. Comprender la globalidad en su esencia, el devenir del tiempo, lo efímero en su estado más intenso, alcanzar a valorar la historia no cómo una herencia inamovible, si no como un redescubrimiento completamente nuevo, con todas las implicaciones, con toda la complicidad que uno pueda enfrentarse. La verdadera historia no está escrita aún, se esté escribiendo a cada instante, cada vez que arriesgas, cada vez que crees, cada vez que dudas, cada vez que cierras los puños, levantas la mirada, cada vez que derramas esas lágrimas, que te conmueves, que gritas y hablas estás reescribiendo la historia, cooperando a engrandecer esta ciudad. Y así cada vez podremos entender un poco más esta ciudad, valorarla, apreciarla en la magnitud que se merece.
Y es que esta tierra transpira inspiración hasta en los aromas de su riqueza culinaria. Su patrimonio gastronómico es una de las cartas de presentación mas estimada, mole queretano, sopa de cuitlacoche, nopales en penca, jericallas, antojitos queretanos, buñuelos de rodilla, atoles, calabaza en tacha y tantos platos suculentos que hacen un deleite y una dulce tentación al caminar por los andadores del centro de la ciudad a la hora de la comida. La gastronomía define con motivo propio el carácter de la ciudad toda una referencia a su riqueza.
Querétaro, tú no sabes, o quizás sí, la intimidad descarnada que se vive al pasear por la ciudad cuando decae el día, la vitalidad palpable del ambiente, la textura de la luz rozando tus párpados, el peso de la poesía del atardecer serenar tu alma, elevar tu cuerpo. Es la energía que tantas veces te he comentado. Tú no sabes, o quizás sí, que se siente al pasear por el centro histórico en la confabulación del silencio de la madrugada, cuando la plenitud del cielo aún no ha alcanzado su máximo apogeo, cuando la gente duerme, un domingo temprano por la mañana, y a veces si las calles están mojadas por alguna lluvia, el fulgor de oro deslumbrante bañando el empedrado por la luz de las farolas. Tú quizás no sepas que se siente al recuperar la ciudad para ti mismo, esa intimidad inviolable, inenarrable, mística donde el reposo de la ciudad te da la bienvenida para que tú vayas poco a poco despertándote con ella, dejarse acariciar por los primeros rayos del alba. Tú no sabes, o tal vez sí, del diálogo que la ciudad te cuenta, de sus secretos, de sus sueños, porque la ciudad también sueña plasmados sus sueños en una mezcolanza pétrea barroca y neoclásica. Tú no conoces o quizás sí, el placer de tomar un atole caliente por las mañanas, su aroma saliendo de la cazuela, escuchar la algarabía de los miles de pájaros despertarse en los árboles de la avenida Zaragoza o la ***Alameda Hidalgo, deleitarse viendo cómo van filtrándose en infinitos arcoíris a modo de cascadas inmaculadas los rayos del sol entre la profusa floresta de jacarandas, flamboyanes, pinos, palmeras reales, huizaches, yucas, araucarias, álamos, pirules, mezquites… embadurnados por los aromas de las azucenas, azahares, lirios, rosas, las violetas, los tulipanes y la gran variedad de familias florales que destellan en el parque uno de los más grandes de toda la república. Y tú no habrás podido resistir la tentación al pasear por la plaza de los Fundadores. Adquirir alguna mantelería, o alguna muñeca bordada, cesterías de vara de sauce, blusas o cualquier recuerdo hecho artesanalmente por las mujeres indígenas de Amealco, Tolimán o Colón. Manos labradas por la herencia de lo auténtico que enorgullecen esta tierra y mantienen el espíritu de genuinidad en la mezcla cosmopolita que vive la ciudad. Tú no sabes o tal vez sí, el placer de poder leer un libro en uno de los bancos de madera, sintiendo la brisa en la estación de tren, una de las mejor conservadas de todo México donde también se dice que hay una leyenda en donde hace referencia al héroe de Nacozari. O buscar la plenitud de los recoletos espacios que ofrece la ciudad y dejarse embriagar por el silencio, los aromas, el canto del agua de sus fuentes, jardín Guerrero, jardín del Arte con la entrañable estatua de la mujer yaciente, lugar de reunión de artistas donde se realizan además obras de teatro y conciertos de música, el jardín situado en frente del templo de San Sebastián, el cerro de las Campanas, uno de los lugares históricos por antonomasia de la ciudad, lugares emblemáticos, exquisitos para disfrutar. Tú si has de saber que se siente al entrar al templo de Santa Rosa de Viterbo, templo cuya torre de influencia mudéjar se instaló el primer reloj de repetición construido en América, o al templo de Santa Clara, la magnificencia derrochadora y exhaustiva de sus retablos expresando una vez más el carácter y la fuerza de los artistas de esta tierra. Tú no sabes y de saberlo entenderás que se siente contemplar la ciudad desde el mirador del cerro del Cimatario, en uno de sus atardeceres bajo el halo celeste de su cielo, y entonces comprenderás que todas estas letras, aunque insuficientes para explicar si acaso un poco de la verdadera dimensión de esta tierra, alcancen a justificarse así mismas. Por eso comprenderás si es que sabes, el porqué todos los días uno de enero de cada año, se reúnen en el mirador del acueducto diferentes músicos con sus instrumentos para recibir al alba los primeros rayos del Sol del nuevo año.
Y es ahora cuando soy yo el que comprende porque aquellos hombres ilustres que pisaron esta tierra lucharon tanto por ella, derramando aquí la benevolencia de su arte, cubriéndonos de una riquísima herencia, de toda una historia para vanagloria nuestra. Hombres que forjaron una ciudad, toda una leyenda que a ellos les cubrió de gloria, la gloria de la satisfacción por las cosas bien hechas. Fue la ciudad quien les impulsó ese derroche de fuerza y creatividad, destellos sublimes de inspiración, un marco ideal para explayar todo su ímpetu interior. Fue ese crecimiento mutuo, simbiosis necesaria entre el hombre y su entorno, modelándose al mismo tiempo, protegiéndose, aunándose, profesando un amor eterno. Ahora puedes ver la ciudad para ti en todo su esplendor, y la magnificencia de quienes la forjaron. Ellos no están ya aquí, pero su obra, su espíritu se volvió atemporal, sigue impregnándonos, conmoviéndonos. Su amor por esta tierra sigue derramándose con la misma plenitud e ilusión. Sus templos, sus museos, las casonas, el acueducto, cada micra de cada piedra están impregnadas de su espíritu, cada trozo de madera, cada pieza de cobre fundida rezuman toda la fuerza de esta tierra. Y siguen emanando la autenticidad de su magia, latiendo con toda su intensidad, porque retienen rasgos del alma de las manos, de los corazones que las crearon. Fue su tributo que siempre será contemporáneo para todos aquellos que se detengan, las admiren y sientan por un instante todo el calor inmemorial que derraman sin pedir nada.
Querétaro tierra prolífica de grandes hombres y aún de ellos que no nacieron aquí, pero que sintieron la dulce atracción por la fortaleza que emana. Adoptados por la ciudad como si de sus propios hijos fuera.
Querétaro. Sí, esta es mi ciudad. Y será la tuya cuando vengas.
1Valentín F. Frías: Historiador cuyas leyendas y libros dejaron un invaluable acervo a la ciudad de Querétaro. 2 Nov.1862 - 26 de Oct. 1926.
2Francisco Eduardo Tresguerras: (1759-1833). Arquitecto y pintor mexicano nacido en Celaya que alcanzó gran popularidad en su época
3muy noble y muy leal ciudad de Querétaro: En 1655 Se le concedió, en las llamadas “Capitulaciones de Querétaro”, avaladas por cédula real, el título de “Muy Noble y Leal Ciudad de Santiago” y se le proveyó del escudo que todavía usan el Estado, el Municipio y la ciudad. Título otorgado por el duque de Alburquerque y reafirmado por el rey Felipe V en 1712.
4Ignacio Mariano de las Casas: (1706-1784). Arquitecto e ingeniero. Constructor de edificios emblemáticos en Querétaro, como el Real Beaterio y Colegio de Santa Rosa de Viterbo.
5José Mariano Perrusquía y Rubio: (1761-1832). Escultor. Su obra religiosa se encuentra repartida en San Juan del Río, Querétaro, San Luis Potosí, San Miguel de Allende, Guadalajara, San Juan de los Lagos entre otros lugares.
6Georgina Farias Nicolopulus “Gogy”: Mexicana de ascendencia griega. Estudió Artes Plásticas en la Universidad Iberoamericana. Sus obras adquieren un linaje internacional. Ciudad Juárez, Chihuahua, Polonia con la escultura de Juan Pablo II, Nueva Jersey está una de San Agustín, Querétaro con su colección Los músicos en el Andador Vergara…
7Código Mendocino: manuscrito azteca ilustrado de los años 1540 hecho en papel europeo. Posterior a la conquista..
8Virrey Marqués de Branciforte: (Sicilia, 1755 – Marsella 1812). Militar español y 52º virrey de la Nueva España. Considerado por muchos como uno de los virreyes más corruptos de la historia de la colonia. Su nombramiento es considerado como el principio del período de decadencia del virreinato.
9Juan Caballero y Osio: (1644-1707) sacerdote queretano que legó grandes sumas de dinero a la caridad.
10Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila: (1670-1743). De origen vasco donó grandes sumas de dinero para la construcción del Acueducto.
11Josefa Vergara y Hernández: (1717-1808) una de las grandes benefactoras sociales de la ciudad.
*convento de San Agustín: A modo de referencia, este bellísimo claustro fue reproducido en los billetes de 20 pesos que circularon entre los años 1937 hasta 1970. ¿No es eso también cuestión de satisfacción que podamos verlo nosotros en su real medida?.
**maestro Gastón LaFourcade: tiene su taller de clavecines en la escuela de Laudería, única en todo México.
***Alameda Hidalgo: lugar de inspiración de una de las melodías más emblemáticas de México “Canción Mixteca”