
-Lo soñé y es como si lo hubiera vivido despierto. Paseando descalzo por el Sangremal un destello de lluvia de plumas de águila se desprendían como lágrimas de la noche del cielo al trasluz de una luna llena. Bajo un murmullo sibilino cercano a la voz del silencio, absorbidas por el suelo, fecundaron un árbol, el tamoanchan. Y desperté-. Así me dijo y continuó diciendo…
-No hace mucho en una noche tibia de verano, bajo la constelación de Sagitario. La Vía Láctea fertilizaba de nuevo el firmamento reflejándose a los ojos humanos, era un 25 o debía serlo. Allí encontré de nuevo ese susurro que previamente me había visitado en sueños. Una especie de brisa procedente de los cuatro puntos cardinales, de las seis direcciones del Universo, inundándolo todo…- finalizó a la vez que nos miramos mutuamente como si en nuestros ojos además de compartir asombro, quisiéramos encontrar las respuestas que lo llenaran todo.
-Todavía no he dejado de escucharlo- confesó.
De esto ha pasado mucho tiempo; tanto que cuando volví a verlo ya no parecía el mismo. Nos encontramos casualmente en la explanada de la iglesia de la Santa Cruz.
-¿No escuchas…- fue lo primero que me dijo como si nos hubiéramos visto ayer mismo y como si aquel sonido que él escuchaba fuera algo obvio -… el rasgar de una concha como el romper de las olas en el océano, el crótalo de los huesos de fraile como un siseo de un flogístico fuego?. ¿Es el huéuetl latiendo, repartiendo su retumbo por la tierra?. ¿No escuchas el eco del caracol marino explayándose por el viento?, la chirimía, las sonajas, el teponaztle …? el canto inmaculado del conchero…?-.
-No escucho-, fui conciso; como sincero.
-Debajo de cada iglesia hay un templo indígena- me dijo sonriendo.
-¿Y debajo de cada templo indígena?-, pregunté.
-Nanita- me respondió sereno.
Qué hermoso, pensé. Nanita es la madre naturaleza, no podía ser de otro modo.
Él continuó diciendo.
-Me desperté en un amanecer en la peña de Bernal, pernocté bajo las ramas del sabino grande de San Miguel de Tolimán, peregriné de pueblo en pueblo por la Sierra Gorda; hasta recorrí por toda la tierra del Anáhuac. En todos estos lugares encontré el mismo murmullo, la misma alabanza, la voz del silencio colmándolo todo- dijo.
-Pero no vi rastro de los concheros, ni de sus bailes, ni de sus cantos compadritos, ni de sus plumas recortándose en el horizonte del cielo, ni del sahumerio de copal esparcido en el viento, pero sí alcancé a olerlo…-.
Ya jamás volví a verlo, pero en el vacío de su ausencia asentí en el eco de la intuición, que él, por fin había encontrado el camino en el mismo camino, pero tuvo que pasar un tiempo para saber realmente de lo que me estaba hablando.
Fue en un eclipse donde en una oración el corazón de la luna se había fundido en un abrazo en el pecho ardiente del sol, donde por fin pude escuchar la voz del silencio y comprendí por fin, todos sus sueños.
Ese es el verdadero significado del canto de los chichimecas; sus alabanzas, podrás escucharlas y aún puede que no los veas, pero su voz está en todas partes; es la vibración que esparce la vida en su más íntima y divina esencia, su semilla de lo que están conformadas todas las cosas aunque se manifiesten de diferente forma; lo verás en el rocío libar el pétalo de la rosa y en la misma rosa; lo escucharás en el viento soplar por la cañada, o en la playa rompiendo las olas, en el rutilar de las estrellas, o en una lágrima, porque esa alabanza nace de la esencia desinteresada, fruto del agradecimiento. Es una voz que se alaba a sí misma, porque sabe de su unión mística con lo que le rodea, sin haber diferencia con el polvo que pisa en esta tierra ni en la corona de estrellas sobre su cabeza. Es un canto donde los pares de opuestos se equilibran, la noche y el día, lo masculino y lo femenino en una misma unidad; arriba y abajo, cielo, tierra, aire y fuego en el mismo crisol. Eso es fundamentalmente la voz del silencio, la que nace del corazón; el amor.
Del libro de cuentos 24 LEYENDAS VIVAS DE QUERÉTARO …Y 1 MEMORABLE HISTORIA A ORILLAS DE LA PERLA DEL PAPALOAPAN
NÚMERO DE REGISTRO: 03-2008-072912504300-14

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